SENTIRES

Autor:   Salomón Blanco

Salomón Blanco


LA SARTÉN DEL PODER


LA SARTÉN DEL PODER

 

Juan Manuel  tiene la sartén del poder aunque el mango se le está calentando más de lo que esperaba, pero menos de lo que algunas manos oscuras quisieran.  Recuerdo que en la etapa electoral el presidente dijo, con esa convicción que desaprueba cualquier contradicción y el dedo índice siempre al frente, que si alguien sabía cómo generar empleo era él, que si alguien sabía cómo superar la crisis con los vecinos era él, que si alguien sabía cómo acabar con la guerrilla era él. Uribe dijo lo mismo: “acabaré con la guerrilla por la ley o por la fuerza”. Pero Uribe no mostró cambios significativos y Santos no los está mostrando; eso sí, sus controversias parecen haber  agotado la credulidad escasa de un país mesiánico a la espera del rey de los jodidos que nos salve de esta babilónica desgracia, que nos quite los pecados, que multiplique los panes y los peces.

Uribe no convirtió el agua en vino, pero en su gobierno se vendió Bavaria a SABMiller y éste, el jefe máximo, exoneró a la que era la poderosa empresa nacional  de pagar cerca de US$1.2 millones en impuestos; tiempo después nos enteramos de que la zona franca que los hijos del entonces mandatario adquirieron por nimio valor, se las vendió Santo Domingo, pero esto es harina de otro costal.

Juan Manuel llegaba victorioso a Casa de Nariño, y cuando la batalla apenas comenzaba, el ex presidente ya soltaba sus primeros lagrimones y reclamaba: “cómo es posible que este advenedizo arme su afaire con Chávez después de toda el agua sucia que se tiraron mutuamente, hombre no puede ser”. Pero así fue, y las relaciones internacionales no es lo único que el actual presidente ha cambiado respecto a su antecesor, pese a ser parte del mismo rabo de paja, en lo interno nombro y sigue nombrando en altos cargos ejecutivos a los enemigos del régimen anterior, como es el caso de Germán Vargas Lleras. Bien lo ha dicho el primo Pachito: “Mandó al mismísimo carajo al ubérrimo”.  

Vargas Lleras ya no es Ministro del Interior y de Justicia, pero aún está fresco el adefesio que trató de convertir en la ley 241 de 2011, que apodaban “Ley Lleras”, y que decía “permite regular la responsabilidad por las infracciones al derecho de autor y los derechos conexos en internet” y que no era otra cosa que una herramienta para coartar la libertad de expresión; al mejor estilo de su abuelo Carlos Lleras Restrepo.   Y la “Ley lleras II” tampoco vio la luz, porque su trámite no fue el adecuado; se podrán imaginar el fondo. Y ahora Vargas Lleras regala casas en su nuevo Ministerio, buscando recuperar los votos perdidos por el desastre que fueron sus actuaciones recientes; claro que la desconfianza sigue, porque lo que ha demostrado ser es un melego de cualquiera o cualquier situación.

 

LA SARTÉN DEL PODER

 

Juan Manuel  tiene la sartén del poder aunque el mango se le está calentando más de lo que esperaba, pero menos de lo que algunas manos oscuras quisieran.  Recuerdo que en la etapa electoral el presidente dijo, con esa convicción que desaprueba cualquier contradicción y el dedo índice siempre al frente, que si alguien sabía cómo generar empleo era él, que si alguien sabía cómo superar la crisis con los vecinos era él, que si alguien sabía cómo acabar con la guerrilla era él. Uribe dijo lo mismo: “acabaré con la guerrilla por la ley o por la fuerza”. Pero Uribe no mostró cambios significativos y Santos no los está mostrando; eso sí, sus controversias parecen haber  agotado la credulidad escasa de un país mesiánico a la espera del rey de los jodidos que nos salve de esta babilónica desgracia, que nos quite los pecados, que multiplique los panes y los peces.

Uribe no convirtió el agua en vino, pero en su gobierno se vendió Bavaria a SABMiller y éste, el jefe máximo, exoneró a la que era la poderosa empresa nacional  de pagar cerca de US$1.2 millones en impuestos; tiempo después nos enteramos de que la zona franca que los hijos del entonces mandatario adquirieron por nimio valor, se las vendió Santo Domingo, pero esto es harina de otro costal.

Juan Manuel llegaba victorioso a Casa de Nariño, y cuando la batalla apenas comenzaba, el ex presidente ya soltaba sus primeros lagrimones y reclamaba: “cómo es posible que este advenedizo arme su afaire con Chávez después de toda el agua sucia que se tiraron mutuamente, hombre no puede ser”. Pero así fue, y las relaciones internacionales no es lo único que el actual presidente ha cambiado respecto a su antecesor, pese a ser parte del mismo rabo de paja, en lo interno nombro y sigue nombrando en altos cargos ejecutivos a los enemigos del régimen anterior, como es el caso de Germán Vargas Lleras. Bien lo ha dicho el primo Pachito: “Mandó al mismísimo carajo al ubérrimo”.  

Vargas Lleras ya no es Ministro del Interior y de Justicia, pero aún está fresco el adefesio que trató de convertir en la ley 241 de 2011, que apodaban “Ley Lleras”, y que decía “permite regular la responsabilidad por las infracciones al derecho de autor y los derechos conexos en internet” y que no era otra cosa que una herramienta para coartar la libertad de expresión; al mejor estilo de su abuelo Carlos Lleras Restrepo.   Y la “Ley lleras II” tampoco vio la luz, porque su trámite no fue el adecuado; se podrán imaginar el fondo. Y ahora Vargas Lleras regala casas en su nuevo Ministerio, buscando recuperar los votos perdidos por el desastre que fueron sus actuaciones recientes; claro que la desconfianza sigue, porque lo que ha demostrado ser es un melego de cualquiera o cualquier situación.

 

Hace un par de meses estuve en el 2do Congreso Nacional del Partido Verde y sentí tristeza por varias cosas: 1) Antanas no estaba; 2)Peñaloza mostró su firme intención de lanzarse a la presidencia atacando al gobierno de turno; 3) Al presidente Juan Manuel le preguntaron, teniendo en cuenta la preocupación medioambiental del Partido Verde, por qué no había acabado o reformado las CAR  (Corporación Autónoma Regional) si él mismo afirmó que esas instituciones eran foco de politiquería, corrupción y no aportaban beneficios a la recuperación y preservación del medio ambiente, a lo que el primer mandatario contestó con admirable franqueza, de verdad admirable para un tipo que toda la vida ha sido un estratega: “Políticamente no he podido”.

 
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